Corcobaya
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About: La corcobaya junta recortes y los guarda celosamente en su madriguera.
“Aquel señor es de yeso. Naturalmente, es un monumento. Podría también ser de mármol, pero el Ayuntamiento ha elegido el yeso, porque es más barato. El señor de yeso no se siente ofendido; el yeso no es una cosa muy esplendorosa, pero sí digna; se ensucia, que es una señal de trabajo y de vida cotidiana, una vida noble. Al ser de yeso, tiene probablemente familia: una señora de yeso en un parque, un par de chiquillos de yeso en un jardín privado, o en la entrada de una inclusa. Es sabido que los monumentos de mármol carecen de familia. El mármol es bello, de hermosos reflejos, limpio, pero muy glacial. Ningún señor de mármol tiene una esposa de mármol, salvo en los casos excepcionales en los que, por razones dinásticas, han debido poner juntos a un matrimonio real.” —Manganelli, Giorgio. Centuria (traducción de Joaquín Jordá)
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“Probablemente la mayor parte de nosotros hemos contemplado ya nuestra propia muerte, pero ignoramos cómo sacar su imagen a la superficie. Tal vez el día que muramos, lo primero que diremos será: «Conozco esta sensación. Yo ya he estado aquí.»” —DeLillo, Don. Ruido de fondo (traducción de Gian Castelli Gair)
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“El Diablo come como la gente, pero no puede digerir nada. Es porque sólo el Diablo no participa en el intercambio global de la materia en el mundo… Si se toma un vaso de vino tinto Tokay, en lugar de orina excretará de nuevo el tinto Tokay.” —Pavić, Milorad. Pieza única (traducción de Dubravka Sužnjević)
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“The trip and the story of the trip are always two different things. The narrator is the one who has stayed home, but then, afterward, presses her mouth upon the traveler’s mouth, in order to make the mouth work to make the mouth say, say, say.” —Moore, Lorrie. ” People Like That Are the Only People Here: Cannonical Babbling in Peed Onk”, Birds of America
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Contra Jaime Gil de Biedma

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación -y ya es decir-,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
-seguro de gustar-es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta!
Y si yo no supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco…
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!


Jaime Gil de Biedma.

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“No olvidemos que los dinosaurios fueron los dueños del mundo no por un período de cuatro mil o cinco mil años —y eso poniéndonos holgados— sino durante aproximadamente unos cien millones de años. Son muchos. Supongamos incluso, en homenaje a nuestro nacionalismo, que fueran intelectualmente menos ágiles, que tuvieran un sentido débil de la historia, que encontraran dificultades con las matemáticas. ¿De qué, sin embargo, podemos deducir arrogantemente que les faltara una espléndida literatura, por ejemplo oral? ¿Y no tendrían sutiles disquisiciones filosóficas? Aunque no tuvieran una especial afición por los conceptos abstractos, cien millones de años bastan y sobran para ponerse a rumiar silogismos.”Manganelli, Giorgio. “El fin de los dinosaurios”
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“Es el caso de muchas personas que, cuando están de mal humor, permiten que este mal humor les provoque un humor todavía más adverso, como si se hallaran en un coche que avanza al mismo ritmo que ellos. Uno no tiene por qué sentirse insoportable si algún día no está precisamente para bromas. Uno no tiene por qué odiarse por estar alguna vez de mala gana. Es una tontería que sucede por desgracia a menudo. Uno debería tratar de pensar que, si bien el mal es malo en sí mismo, como tal resulta bello, y a fe que es algo muy bello, mucho más bello que todos esos rostros amablemente insípidos de los que se toma un retrato, que carecen de todo valor porque son testimonio de la falta de experiencia.” —Walser, Robert. El bandido
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Tú vives siempre en tus actos

Tú vives siempre en tus actos.
Con la punta de tus dedos
pulsas el mundo, le arrancas
auroras, triunfos, colores,
alegrías: es tu música.
La vida es lo que tú tocas.

De tus ojos, sólo de ellos,
sale la luz que te guía
los pasos. Andas
por lo que ves. Nada más.

Y si una duda te hace
señas a diez mil kilómetros,
lo dejas todo, te arrojas
sobre proas, sobre alas,
estás ya allí; con los besos,
con los dientes la desgarras:
ya no es duda.
Tú nunca puedes dudar.

Porque has vuelto los misterios
del revés. Y tus enigmas,
lo que nunca entenderás,
son esas cosas tan claras:
la arena donde te tiendes,
la marcha de tu reloj
y el tierno cuerpo rosado
que te encuentras en tu espejo
cada día al despertar,
y es el tuyo. Los prodigios
que están descifrados ya.

Y nunca te equivocaste,
más que una vez, una noche
que te encaprichó una sombra
-la única que te ha gustado-.
Una sombra parecía.
Y la quisiste abrazar.
Y era yo.

Pedro Salinas

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“Y demás desto, estaba con nosotros un soldado que se decía Botello, al parecer muy hombre de bien y latino, y había estado en Roma, y decían que era nigromántico, otros decían que tenía “familiar”, algunos le llamaban astrólogo; y este Botello había dicho cuatro días había que hallaba por sus suertes y astrologías que si aquella noche que venía no salíamos de México, y si más aguardábamos, que ningún soldado podría salir con la vida; y aun había dicho otras veces que Cortés había de tener muchos trabajos y había de ser desposeído de su ser y honra, y que después había dé volver a ser gran señor y de mucha renta; y decía muchas cosas deste arte (…) Pues al astrólogo Botello no le aprovechó su astrología, que también allí murió con su caballo. Pasemos adelante y diré como se hallaron en una petaca deste Botello, después que estuvimos en salvo, unos papeles como libro, con cifras y rayas y apuntamientos y señales, que decía en ellas: ¿Si me he de morir aquí en esta triste guerra en poder de estos perros indios? Y decía en otras rayas y cifras más adelante: No morirás. Y tornaba a decir en otras cifras y rayas y apuntamientos: Sí morirás. Y respondía la otra raya: No morirás. Y decía en otra parte: Si me han de matar también mi caballo. Decía adelante: Sí matarán. Y de esta manera tenía otras como cifras y a manera de suertes que hablaban unas letras contra otras en aquellos papeles, que era como libro chico. Y también se halló en la petaca una natura como de hombre, de obra de un jeme hecha de baldres, ni más ni menos, al parecer, de natura de hombre, y tenía dentro como una borra de lana de tundidor.” —Díaz del Castillo, Bernal. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España
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“El aceite es un agua con caderas, un agua impura que conoce el deseo, el tiempo y la muerte. En lugar de avanzar fluido y sin problemas como el agua, el aceite se insinúa y contonea. Mientras el agua, franca y anárquica, simplona y monótona, libera el mundo de todos sus secretos, el aceite es un agua que carga con un secreto, un agua que se distrajo en algún recodo y desde entonces perdió su inocencia. Es un agua “turbada”.” —Morábito, Fabio. Caja de herramientas "El tornillo"
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