Corcobaya
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About: La corcobaya junta recortes y los guarda celosamente en su madriguera.
“Todos somos un hombre que vive y un hombre que mira; y cuando nuestra existencia corre acompasada por el cauce de una larga condena o de un matrimonio feliz, el espectador se aburre y piensa en abandonar la sala por la puerta del suicidio.” —Torri, Julio. De fusilamientos y otras narraciones.
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“La historia de los anarquistas es el último coletazo de la vieja disputa de siempre: entre Abel, el vagabundo, y Caín, el acaparador de bienes, íntimamente, sospecho que Abel provocó a Caín gritándole: «¡Muera la burguesía!».” —Chatwin, Bruce. En la Patagonia (traducción de Eduardo Goligorsky)
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“Paka acampaba solo en el bosque cuando el «yoshil» apareció junto al fuego. El indio conocía su mala reputación y echó mano al arco, pero el animal se puso a salvo. Paka temió morir asesinado si se dormía, y se tumbó con el arma lista. El «yoshil» volvió a acercarse. Paka disparó la flecha y oyó un alarido de dolor. A la mañana siguiente encontró el cadáver a escasa distancia y se horrorizó al comprobar que el animal tenía las mismas facciones que su hermano, muerto recientemente. Excavó una tumba sin saber con certeza si estaba sepultando un «yoshil» o si estaba enterrando por segunda vez a su hermano.” —Chatwin, Bruce. En la Patagonia (traducción de Eduardo Goligorsky)
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“Y cuando una tarde el hermano Mateo mostró junto al fuego los astrolabios y mapas de la geografía total del universo, que no era más que el cielo y la tierra de los patios, ya habían llegado entre todos a la determinación de que serían innecesarios, puesto que Boy debía crecer con la certeza de que las cosas iban naciendo a medida que su mirada se fijaba en ellas y que al dejar de mirarlas, las cosas morían, no eran más que esa corteza percibida por sus ojos, otras formas de nacer y de morir no existían, tanto, que principales entre las palabras que Boy jamás iba a conocer eran todas las que designan origen y fin.” —Donoso, José. El obsceno pájaro de la noche.
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“Aquel señor es de yeso. Naturalmente, es un monumento. Podría también ser de mármol, pero el Ayuntamiento ha elegido el yeso, porque es más barato. El señor de yeso no se siente ofendido; el yeso no es una cosa muy esplendorosa, pero sí digna; se ensucia, que es una señal de trabajo y de vida cotidiana, una vida noble. Al ser de yeso, tiene probablemente familia: una señora de yeso en un parque, un par de chiquillos de yeso en un jardín privado, o en la entrada de una inclusa. Es sabido que los monumentos de mármol carecen de familia. El mármol es bello, de hermosos reflejos, limpio, pero muy glacial. Ningún señor de mármol tiene una esposa de mármol, salvo en los casos excepcionales en los que, por razones dinásticas, han debido poner juntos a un matrimonio real.” —Manganelli, Giorgio. Centuria (traducción de Joaquín Jordá)
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“Probablemente la mayor parte de nosotros hemos contemplado ya nuestra propia muerte, pero ignoramos cómo sacar su imagen a la superficie. Tal vez el día que muramos, lo primero que diremos será: «Conozco esta sensación. Yo ya he estado aquí.»” —DeLillo, Don. Ruido de fondo (traducción de Gian Castelli Gair)
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“El Diablo come como la gente, pero no puede digerir nada. Es porque sólo el Diablo no participa en el intercambio global de la materia en el mundo… Si se toma un vaso de vino tinto Tokay, en lugar de orina excretará de nuevo el tinto Tokay.” —Pavić, Milorad. Pieza única (traducción de Dubravka Sužnjević)
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“The trip and the story of the trip are always two different things. The narrator is the one who has stayed home, but then, afterward, presses her mouth upon the traveler’s mouth, in order to make the mouth work to make the mouth say, say, say.” —Moore, Lorrie. ” People Like That Are the Only People Here: Cannonical Babbling in Peed Onk”, Birds of America
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Contra Jaime Gil de Biedma

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación -y ya es decir-,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
-seguro de gustar-es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta!
Y si yo no supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco…
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!


Jaime Gil de Biedma.

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“No olvidemos que los dinosaurios fueron los dueños del mundo no por un período de cuatro mil o cinco mil años —y eso poniéndonos holgados— sino durante aproximadamente unos cien millones de años. Son muchos. Supongamos incluso, en homenaje a nuestro nacionalismo, que fueran intelectualmente menos ágiles, que tuvieran un sentido débil de la historia, que encontraran dificultades con las matemáticas. ¿De qué, sin embargo, podemos deducir arrogantemente que les faltara una espléndida literatura, por ejemplo oral? ¿Y no tendrían sutiles disquisiciones filosóficas? Aunque no tuvieran una especial afición por los conceptos abstractos, cien millones de años bastan y sobran para ponerse a rumiar silogismos.”Manganelli, Giorgio. “El fin de los dinosaurios”
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